Saturday, May 21, 2005

EL DESPUÉS DEL CABLE

La historia del hombre se ha ido formando con determinados hitos que marcan un antes y un después, y que señalan el nacimiento de una nueva etapa. Hubo un antes y un después del fuego; un antes y después de la penicilina; un antes y después de la conquista del espacio. En el caso del cable también ha habido un antes y un después. Pero un después, quizás, no esperado por muchos…

Rondaba yo los seis o siete años de edad. Después de llegar del colegio nos sentábamos delante de la televisión. Para nosotros, y para la mayoría de los españoles, la caja tonta era fundamental para el entretenimiento. Sin embargo, la oferta era escasa: Televisión Española, la madre de la televisión en España, La 2 y posteriormente un recién nacido Canal Sur.

Recuerdo que Antonio, vecino de la calle de al lado, se hizo muy popular en el barrio. Todo el mundo hablaba de él. Por lo visto se hizo con unos cables que iba conectando con las casas de los vecinos. Por entonces yo no conocía más cable que el que me daba luz en casa. Sin embargo, no había otros temas de conversación. Podían ver más cosas que las que emitía Televisión Española. Aquella calle era la envidia de todo el barrio. Y nosotros, los de nuestra calle, no íbamos a ser menos. El cable que unía inicialmente a varios vecinos, cruzó la calle para conectarse con las viviendas colindantes –entre ellas la mía– a través de las fachadas y, poco a poco, esa red se fue extendiendo al resto de la barriada. Le llamaban vídeo comunitario. Tan comunitario fue que nadie podía estar sin tenerlo. La cuota no llegaba a las 500 pesetas mensuales, que se encargaba de recaudar el hijo del dueño todos los principios de mes. Sería las bases de la televisión de pago.

Al principio el vídeo comunitario tan sólo emitía películas. Cuando llegaron las cadenas privadas, éstas se añadieron al menú. Pero no tenía sentido seguir pagando por ver contenidos que suponíamos que ya cubrían las privadas. La oferta televisiva aumentaba, o eso creíamos. Por ello, no se le veía mucho sentido a ser socio de un video comunitario cuando había más canales que te ofrecían lo mismo, y GRATIS. Posteriormente se comprobará que la oferta será igual de paupérrima que cuando disponíamos de un único canal, y por este motivo se creía que quizás triunfara la televisión por cable.

El Cable

Ahora comprendo que aquel sistema que tanto me llamaba la atención –más que nada por el revuelo que originó en el barrio–, constituía un modesto sistema de televisión por cable, en cuanto que las imágenes provenían de un magnetoscopio, de una antena convencional y de una parabólica y ya no sólo se transmitían a los vecinos de una misma calle, sino que la red la atravesaba para suministrar a los demás vecinos. Por tanto, podemos hablar de un modesto sistema de televisión por cable. Y el video comunitario, su origen.

El cable es lo que su propio nombre indica: un cable de fibra óptica que transmite información entre los proveedores y los consumidores. Esta información enviada a través del cable posibilita que no se sature el espectro y la velocidad de transmisión. El cable ha sido tradicionalmente un modo de distribución de imágenes en movimiento y actualmente se está convirtiendo en el canal por el que discurren servicios integrales de telecomunicación: datos, imágenes y voz. Por ello, hablar de televisión por cable hoy es hacer referencia a tan sólo uno de los servicios que ofrecen los operadores de telecomunicaciones por cable.

Para tener este servicio del que se viene hablando se debía cablear toda la extensión donde se desee recibir la señal, inclusive las casas de los abonados, lo cual representa un coste inicial extremadamente alto. De hecho recuerdo cómo levantaron el asfalto de la calle para introducir esos mismos cables que iban por las fachadas. La diferencia entonces era que no la suministraba ningún vecino y que en lugar de ir por arriba, iba por el subsuelo.

La Ley

Todo en España siempre llega con retraso. Y cuando llegó el cable, ya estaba el satélite. Sin embargo, se hizo efectiva una normativa que regulara el tema, apareciendo la la Ley 42/1995 de las Telecomunicaciones por cable. Esta ley establecía que el servicio de telecomunicaciones por cable es un “servicio público de titularidad estatal que será prestado por los operadores de cable en régimen de gestión indirecta, mediante concesión administrativa otorgada por el Ministerio de Fomento a través de los oportunos concursos públicos”. Además, determina que el servicio será prestado por demarcaciones territoriales. En el caso de Andalucía, para que el cable fuera democrático, se estableció 4 demarcaciones:

- A1: Almería, Granada y Jaén.
- A2: Cádiz y Huelva.
- A3: Córdoba y Málaga.
- A4: Sevilla.

Finalmente se establecieron 11 demarcaciones a concurso, quedando por último dos:
- Cádiz y Huelva: donde participa ONO.
- Jaén, Córdoba, Sevilla, Málaga, Granada y Almería: donde interviene AunaCable Supercable.

La Realidad actual

Pero parece que el negocio del cable no acaba de cuajar. El retraso en la salida del Cable en España provoca una situación atípica donde el satélite se anticipa a las redes de Cable. Es más, no se apuesta por este tipo de tecnología, además de por los costes que implica cablear toda una ciudad como dijimos anteriormente, no es posible colocar este tipo de tecnologías en centros urbanos -como Barcelona o Toledo. E incluso compañías como Telefónica, que apuntaban como una de las empresas punteras en la inversión del cable, han preferido ampliar su ancho de banda antes de invertir en esta tecnología.

Por tanto, hoy en día el cable no está gozando en el territorio español de una implantación generalizada en los hogares, a mucha distancia de la televisión digital por satélite, Internet y por supuesto de la telefonía móvil. Esto no deja de ser curioso, ya que el cable precisamente integra en un mismo soporte televisión digital, Internet y telefonía. Pero los días de esta tecnología están contados. La feroz competencia del satélite y las grandes inversiones hacen que en el futuro sólo se pueda hablar de lo que hubo después del cable…

Friday, May 13, 2005

APRENDIENDO A "TEJER" LA RED

"Lo primero al escribir para Internet es saber escribir".
Gabriel García Márquez
La Red modifica las fórmulas de expresión e incluso revoluciona el modelo más primitivo: la escritura. Nuevos mecanismos textuales se imponen con el objetivo de alcanzar una lectura más clara, cómoda y casi intuitiva. Evitar el uso de los scrolls, aplicar enlaces en el cuerpo de texto e incentivar la respuesta del lector son algunas de las claves para alcanzar el éxito en Internet.
Aún recuerdo mis primeras prácticas. Fueron en el gabinete de comunicación del Ayuntamiento de Chipiona (Cádiz). Ese verano estuve trabajando para la web oficial. Lo primero que me pidieron fue que creara una página alternativa a la web intrusa –no oficial– que por aquellos entonces circulaba por la Red. Inmediatamente se me pasó por la cabeza una célebre frase de García Márquez: “Lo primero al escribir para Internet es saber escribir...”. A partir de ahí, comencé a indagar en las técnicas que pueden resultar útiles para adaptar el estilo a las condiciones del medio. Algunas de las técnicas que propuse aún se mantienen en la actualidad. Otras están aún por hacer o ya han desaparecido.

Partía de la importancia que tiene el texto. Es ante todo el elemento central de cualquier sitio Web. Los expertos en la materia han señalado que el usuario visita la Web principalmente para obtener información. Pero no era lo mismo escribir para la Red que para un escrito impreso. En la Web el usuario leería en el orden que deseara, no de forma lineal.
Así que lo primero que propuse fue organizar la información en diversos menús de navegación. Éstos nos darían la funcionalidad que buscábamos. En lugar de colocarlos a un lado, los ubicamos a lo largo de la página principal, que dividimos en tres bloques bien diferenciados. En cada uno de estos bloques ubicamos los enlaces, que ayudarían al usuario a manejar la información que pondríamos a su alcance.

Una vez que el usuario alcanzaba el documento que deseaba, se encontraría con el texto. En ellos hicimos una doble distinción: por un lado los textos que ya estaban escritos y se volcaron directamente en la red (historia, monumentos, carnaval, etc.), y los que se redactaban desde el propio gabinete para los medios. Los primeros no se modificaron. Los segundos se redactarían siguiendo la estructura de la pirámide invertida con títulos y subtítulos claros, simples y concisos. La conclusión y los hechos básicos se presentarían al comienzo; los detalles o antecedentes se colocarían después, en orden descendente de importancia. Este estilo ofrece un modo eficaz de organizar contenido para la Web, dado que no todos los usuarios leerán el documento completo. La idea era que cuando el lector hubiera salido hubiese leído la información más importante. Tampoco la página debía ser muy extensa: no mayor de dos A4, y ayudarnos con los enlaces a lo largo del texto para hacerlo más breve y dar así credibilidad al contrastar la información con otras páginas –cuya propuesta finalmente se desestimó.

Por su parte las imágenes que usáramos deberían, o bien reforzar, resaltar o reemplazar el texto, o bien usarlas como mapa sensible donde clickeara el usuario para obtener más información.

De la misma manera, debíamos tener en cuenta el modo de lectura de los internautas. Esto tendría implicaciones además en la tipografía y el color de las letras –incluso el color de los fondos.

John Morkes y Jacob Nielsen afirman que "cuando accedemos a un texto en la Red no leemos, sino que escaneamos". Dicen que fijar nuestra atención en la pantalla durante periodos largos de tiempo resulta difícil. Por tanto, nos desplazamos rápido por encima de las palabras absorbiendo lo más sugerente visualmente e ignorando lo demás. También pensamos que lo mejor era colocar una sola idea por párrafo porque cuando el usuario explora una página tiende a leer sólo la primera frase de cada uno de estos párrafos. Es probable que no se detenga para absorber una segunda o tercera idea enterrada en un párrafo largo. Por tanto el texto debía ser breve y sencillo, con un lenguaje conciso y objetivo, tal y como recomienda Nielsen.

Por otro lado, éramos conscientes de la importancia de la tipografía, ya que el tipo y la fuente que se use puede mejorar u obstaculizar la experiencia del usuario con el sitio visitado. Nos decidimos por la verdana, que es una de las recomendadas por su mayor resolución, que también aplicamos para los titulares de sección y los ladillos. De la misma manera tuvimos en cuenta las fuentes en negrita, que llaman la atención del lector. En un principio se abusó de su uso, y por ello se decidió limitarlo a algunos titulares. También era mejor evitar texto en letras cursivas o todo en mayúscula cuando se desea dar énfasis, ya que no estamos habituados a leer la letra de esa manera o restar mérito a textos de igual valor (sólo para los titulares de la nota de prensa irían en mayúsculas).
El color del fondo sería claro: azul claro sobre azul oscuro o negro sobre blanco, obteniendo así el suficiente contraste para la legibilidad del documento.
En definitiva, se marcaron las pautas o técnicas que se debía seguir en la web oficial del Ayuntamiento. Pero estas fórmulas no son las definitivas y se irán modificando a lo largo del tiempo. Porque aún queda mucho por escribir en la web, por "tejer" en la web.
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Artículos recomendados:
How Users Read on the Web de Jakob Nielsen.

Thursday, May 05, 2005

SER "EXCLUSIVO" TIENE UN PRECIO


"Una mano en el ratón, la otra en el bolsillo".
Ana Pantaleoni.

En el año 1992, con Internet aún en pañales, el Chicago Tribune decide copiar su contenido para publicarlo en la Red. Se inicia así lo que se ha denominado el periodismo digital. Le siguen otros diarios y semanarios que intuyen que en el futuro una parte sustancial de la información llegará al público a través de la web. España se incorpora, con el habitual retraso, a este movimiento. Hoy, prácticamente todos los periódicos nacionales, de información general, deportiva o económica, entre otros, editan junto a sus rotativas, una edición digital. Estar on line es cuestión de prestigio y modernidad, y ninguna publicación periódica importante, sea diario o semanario, puede dejar de tenerla. Por otro lado surgen nuevos periódicos digitales que no encuentran el respaldo de sus "madres de papel". Pero, ¿se debería o no cobrar por el acceso a estos contenidos digitales?

"A comienzos del siglo XXI ya hemos comenzado a asistir a esta nueva orientación estratégica que insiste en que el negocio debe provenir de la venta de información y no de la publicidad". A pesar de esta tendencia, hay estudios, como el de la consultora Júpiter Media Metrix, que indican que el 70 por ciento de los cibernautas rechaza el pago de contenidos. Por este motivo muchos piensan que cobrar es un suicidio o cuanto menos una apuesta arriesgada.

Partiendo del contexto que nos envuelve, debemos rechazar la premisa de Manuel Castells, según la cual "a pesar de los continuos intentos de comercializar Internet, si bien se ha convertido en un instrumento esencial para la actividad económica, la gran masa de flujos de información en Internet son de uso social y personal no comercial. Internet es fundamentalmente un espacio social". Sin embargo, la rentabilidad económica es la que determina la vida de un periódico digital, entendido éste como un producto más del juego económico capitalista en el que nos vemos sumergidos. Por ello se debe hacer negocios no sólo en Internet, sino también con Internet -por muy mal que le parezca a Castells.

Ahora bien, partiendo de la idea de que se DEBE estar en la web -por motivos de prestigio y modernidad-, también se debe reconocer que, en general, las versiones digitales de los periódicos empiezan a afectar a la difusión convencional. Así lo reconocen estudios como el realizado por la consultora estadounidense Belden Associates, que muestra que los sitios web de los diarios empiezan a tener un impacto negativo para los índices de lectura de las versiones impresas.

Lo más sencillo sería cobrar por los contenidos, pero la mayoría de los internautas no está dispuesto a pagar -por el contexto que venimos describiendo. Dejar el periódico completamente gratuito tampoco sería la solución idónea. Como señala Ana Pantaleoni "la publicidad no basta para sostener ofertas gratuitas".

Sin embargo, Internet tiende al cobro de los contenidos para su rentabilidad. Si se piensa que es muy poco probable que funcione esta opción de "cobrar" mientras sigan existiendo en la red sitios gratuitos en los que obtener la misma información sin pagar, la solución "menos perjudicial" para todos, a corto plazo, sería la exclusividad o especialización, según la cual los medios digitales ofrezcan unos servicios básicos gratuitos -de información general- y otros específicos -o de información especializada- bajo un precio establecido. Por tanto, se cobrarían los servicios "exclusivos", manteniendo gratuitos los contenidos generales. De esta manera, los internautas van asimilando la idea de que se debe pagar para obtener una información específica y de calidad que ofrece un valor añadido con respecto a otras informaciones. Esto puede traer consigo, a largo plazo, la especialización de los diversos medios digitales.

En definitiva, el estar on line es una exigencia de marketing de imagen de la que ningún medio puede prescindir. Aún no se han encontrado los mecanismos para afrontar el coste que supone el ejercicio del periodismo digital. Pero si algo tenemos claro es que hoy la Red es gratis en su mayor parte. Mañana, probablemente, no.

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Bibliografía recomendada:

AA.VV (2000): Diarios digitales: apuntes sobre un nuevo medio. Universidad del País Vasco Servicio editorial, Bilbao.

Parra Valcarce, D. y Álvarez Marcos, J. (2004): Ciberperiodismo. Síntesis, Madrid.